Ocurrió en Cornwall, Inglaterra, una familia recibió una factura de 16 libras (21€) por no asistir a una fiesta infantil de un compañero de clase de su hijo. La historia toma trascendencia con el encuentro de ambas madres en la red social Facebook y ha llegado a los principales medios británicos como la BBC o el Daily Mail. Las fiestas infantiles cada vez más sofisticadas y organizadas en establecimientos específicos, son cada vez más difíciles de llevar para los adultos.

La preparación, organización y coste de una fiesta infantil hoy en día no tienen nada que ver con las meriendas de vasos de plástico y sandwiches de jamón de york. Hoy en día, un evento como este puede llegar a ser una pesadilla para los padres, pero no solo de los organizadores, también para los padres de los niños que son invitados al cumpleaños, como le pasó a Derek Nash cuando recibió la insólita factura con el concepto de no asistencia a la fiesta.

LA FACTURA. imagen de la factura que recibió el padre del niño que no asistió a la fiesta.

LA FACTURA. imagen de la factura que recibió el padre del niño que no asistió a la fiesta. Pincha para ampliar.

Dicha factura era completamente legal, llegaba con el membrete del banco, incluso. La madre que exigía el pago alegaba que en la invitación a la fiesta estaban todos los datos de contacto para haber avisado de la ausencia de su hijo, por lo que exigía el pago de la cuota del invitado. El hecho se ha extendido por el país británico y hasta han aparecido debates sobre la legalidad o no de esa acción. Para su información todos los analistas coinciden en que no tiene ninguna base jurídica.

Ante esta tesitura, El Confidencial ofrece una curiosa y divertida  lista de personajes y situaciones que suelen darse en estas fiestas, y lo presenta como un auténtico manual de superviviencia para sobrellevar lo mejor posible estas fiestas que suelen convertirse muchas veces en un mal trago.

Invitados que iban a ir y no van

Por mucha rabia que dé tener calculado –y probablemente ya pagado– el gasto exacto por niño para llevarles a la pista de patinaje sobre hielo, quizás denunciar a los menores que no han podido ir a la fiesta es un exceso. Es cierto que habría sido estupendo que te avisasen con antelación de que no iban a poder asistir, pero tampoco hay que ensañarse y mucho menos hacérselo pagar a los más pequeños. Es decir, evitar reacciones como una madre que decidió llevar al colegio las bolsitas de cumpleaños para los dos niños que no asistieron con una pequeña modificación: sustituyó la sonrisa de las galletitas de jengibre caseras que había hecho por un ceño de desaprobación.

Invitados que no iban a ir y aparecen

Todo lo contrario de la situación anterior, pero igualmente irritante, es cuando alguien que no ha respondido a la invitación –especialmente sangrante si se solicitaba confirmación– aparece de pronto.   Una bolsa de cumpleaños improvisada, una silla extra apretujada en la mesa y la mejor de las sonrisas, son mejor solución que montar un numerito o poner cara de circunstancias. El gran dilema: ¿Quedarse o irse? Dependiendo de la edad de los pequeños asistentes, a menudo surge la duda de si hay que quedarse o no en la fiesta para ayudar a controlar la situación. Se recomienda que como mínimo hasta que cumplan cinco años es mejor quedarse.

SORPRENDIDO. Alex Nash, el padre, quedó sorprendidó cuando recibió la factura por correo en su domicilio.

SORPRENDIDO. Alex Nash, el padre, quedó sorprendidó cuando recibió la factura por correo en su domicilio.

Las madres hiperactivas que pueden con todo

Esta madre es fácil de detectar: siempre invita a los niños a su casa y tiene alguna lista llena de actividades planificadas. Se trata de seres que pueden hacerte sentir que no serás capaz de guiar a tus hijos hacia la vida adulta y que quizás sería mejor dejar en sus manos la educación de tus descendientes. A estas todoterrenos, que podrás encontrarte en muchos cumpleaños ya que siempre estarán dispuestas a quedarse para vigilar y “echar una mano”, les cuesta mucho pedir ayuda menos cuando todo se les va de las manos: “Una vez estuve en una fiesta organizada por este tipo de madres cuando en medio de todo el ruido y el caos, se acabó la diversión y su preciosa casa estaba siendo destruida por un montón de niños aburridos. Entonces pidió ayuda desesperadamente”. De vez en cuando, son humanas

Los pequeños demonios

En todas las clases algún pequeñín hiperactivo que no deja de hacer trastadas. No, está claro que no te lo van a poner fácil para que la fiesta sea tranquilita, pero tampoco sería correcto vetarles el acceso al evento. Niños, que además de no dejar estar de un lado para otro alterando al resto de invitados suelen tener un “colorido lenguaje”. Joyitas. Pero “no es su culpa y no puede ser excluidos de una fiesta de cumpleaños solamente porque sus dos hermanos mayores hayan estado en la cárcel”, bromea en su artículo. Una posible alternativa para que la fiesta no se convierta en el infierno en vida es escoger bien la localización. Quizás sea mejor organizar el evento en el exterior que quedarte observando cómo trata de destruir tu casa.

Te dejamos el enlace al artículo completo aquí.

FUENTES BBC, DailyMail, ElConfidencial IMÁGENES BBCDailyMail