Mi hijo pide un móvil, ¿qué hago, se lo doy?

Mi hijo pide un móvil. Una duda revolotea la cabeza de los padres con hijos adolescentes, nadie sabe a qué edad se le puede dar o no un móvil a un niño. En los corrillos de estos padres la pregunta más escuchada entre unos y otros es “Mi hijo me está pidiendo un móvil, ¿qué hago, se lo doy?”. Y como siempre en esto de la llegada de nuevas tecnologías, solo el paso del tiempo concretará la respuesta. Pero en ella ya no será tan importante la cifra de la edad, como la intención de uso que tengamos pensada para evitar consecuencias indeseadas.

En los colegios esta realidad es evidente, y en el Colegio San Francisco de Paula de Sevilla entienden que los ámbitos escolares y familiares deben ir de la mano para abordar un tema tan delicado, como todos en los que está implicada la educación de los más jovenes, y con tantas aristas como este. En principio han enviado una serie de consejos sobre el asunto a los padres de sus alumnos para dar una serie de pautas o recomendaciones ante esta situación.

Como en muchos ámbitos, una solución conjunta de ambos ámbitos crearán una respuesta mucho más fiable y contextualizada a este problema tan novedoso que la evolución tecnológica ha hecho llegar a nuestras aulas y hogares. A priori, la fórmula tampoco es difícil, restringir los usos que más expongan su intimidad y más banales y potenciar su uso como herramienta educativa, que sin duda el potencial no es poca cosa.

Empiezan a surgir iniciativas particulares que se van conociendo poco a poco y que empiezan a aportar la primeras vías de discusión, como el de una madre que hizo un contrato que el adolescente debía cumplir si quería tener el dispositivo móvil. 18 puntos que el hijo debía cumplir para seguir teniendo acceso a su móvil que abarcan desde el ser educado contestando las llamadas, como una restricción de horario y la imposibilidad de llevarlo al centro educativo. La madre relata un año después de la puesta en práctica las evoluciones y el resultado positivo, no sin mucho esfuerzo y tener que reiniciar la operación más de una vez. Mas datos sobre este asunto aquí.

DECIDIDA. Janell Burley Hofmann, consciente de que el uso de esta herramienta tecnológica exige responsabilidad y que existen unos riesgos, exigió a su hijo firmar un contrato para tener su preciado iPhone.

Conocer el mundo digital donde se desenvuelven tus hijos también es un punto a favor, pues tendrás más credibilidad ante ellos si se dan cuenta de que sabes por donde se mueven. Para ellos es bueno estar al día de los cambios constantes que se producen sobre todo en las redes sociales donde se mueven, como en este artículo de Periodista Digital, donde te dan las claves de las tendencias en el mundo adolescente de las redes sociales.

En esta oportuna iniciativa del colegio sevillano, proporcionan a los padres algunas reflexiones sobre como introducir paulatinamente este elemento en la vida del adolescente, como regular su uso, los riesgos que se corren… y otro punto muy importante, predicar con el ejemplo, pues poca credibilidad tendrá el adulto que prohíba a su hijo las mismas cosas que después él hace a diario frente a él.

Cada vez son más los niños con dispositivos móviles propios y cada vez es más temprana la edad de acceso a estos dispositivos. Según un estudio publicado por Common Sense Media a finales de 2013, el 72% de los niños estadounidense menores de ocho años ha utilizado alguna vez un smartphone o tablet. Otro estudio, este de ámbito nacional, de la asociación Protégeles, de enero de 2014, puso de manifiesto que el 30% de los niños españoles de 10 años tienen móvil propio. En nuestro medio, la experiencia es que la presión social por tener un dispositivo móvil propio se acrecienta enormemente en el tránsito de Primaria a Secundaria, y no ignoramos que en algunos grupos de Whatsapp de padres de alumnos la gran pregunta de estas Navidades ha sido: mi hijo me está pidiendo un móvil, ¿el vuestro lo tiene?, ¿qué pensáis que debo hacer? La pregunta nos ha llegado también de distintas formas y en muchas ocasiones al Servicio de Orientación del Colegio, y estas son las recomendaciones que podemos ofrecer al respecto de tan controvertido asunto.

La importancia del uso. Como con cualquier tecnología, lo importante es el uso que se haga de ella. Depende del uso que se haga, un dispositivo móvil puede ir a favor o en contra del desarrollo personal de todos nosotros, incluidos por supuesto también los adultos, pero de forma especial de los niños. De forma que en relación con los dispositivos móviles, podríamos decir que sí a la tecnología, sí al conocimiento, sí a compartir con otras personas, pero no a dejar de tratar con empatía a otras personas, y no al descontrol del uso del tiempo y del tipo de tareas.

Ser muy conscientes de los riesgos. Partiendo de la base de que lo importante es el uso, tenemos que ser muy conscientes de los riesgos que los dispositivos móviles entrañan para los niños, riesgos como estar siempre pendiente de su smartphone, no estudiar o incumplir las tareas diarias, usar el móvil en clase, u otros peores como ser víctima de ciberbullying, colgar imágenes comprometidas en redes sociales o contactar con desconocidos…

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ATENTOS A LOS RIESGOS. Conocer los riesgos que implica el uso del móvil en adolescentes lleva a controlar mejor el uso.

Cuanto más se retrase, mejor. En el cambio de Primaria a Secundaria es frecuente que los hijos clamen por un smartphone, alegando que todos en su clase ya tienen uno y que se quedarán sin poder participar en los grupos digitales en los que compañeros intercambian mensajes. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que a estas edades los niños están desarrollándose como personas, emocionalmente están inmaduros y, si son adolescentes, su estabilidad está en constante riesgo de tambalearse, pudiéndose convertir el teléfono en una fuente negativa para su desarrollo personal, pudiéndole crear ansiedad, inseguridad y obsesión por cuestiones que sobrepasen la capacidad de acción de los educadores, tanto en casa como en los centros escolares.

No pasa nada por ser el único de tu clase. Sucumbir al móvil por la presión social (la de otros padres o la de los compañeros de nuestros hijos) no es una buena idea. Si así lo hacemos enseñamos a nuestros hijos a que deben tomar las decisiones que son más comunes en su entorno social, sin una reflexión previa individual de si es realmente lo que ellos quieren hacer. No pasa nada por ser el único de la clase que no lleva móvil, sobre todo cuando la única motivación para llevarlo es que todos los llevan

Uso restringido. Cuando los hijos empiezan a tener un móvil, es conveniente fijarle reglas y pautas de uso, y lo mejor es que lo usen sólo los fines de semanas en un horario controlado y restringido.

No en la cama. Nunca. Aunque digan que están esperando un mensaje urgente, porque les crea ansiedad y puede hasta que el mensaje no llegue, sin llegar a dormir con la tranquilidad necesaria.

Saber apagar el móvil. Concienciarles de que debe estar apagado o en silencio en lugares determinados, como clase, biblioteca, reuniones…

Predicar con el ejemplo, básico. En esto como en todo, sobre todo se educa con el ejemplo. Por ello, cuando llegamos a casa, debemos dejar de lado el móvil y sólo usarlo en caso de necesidad y urgencia. Si nos ven ‘wasapeando’ de forma compulsiva, eso es exactamente lo que harán ellos.

Anda, llevaros la tablet, a ver si nos dejáis cenar tranquilos. Particularmente debemos preguntarnos por el uso cada vez más frecuente que hacemos de los dispositivos móviles para que entretengan a nuestros hijos en algunas situaciones, uso que además suele marcar el primer acceso de los niños a esta tecnología. En este sentido, podemos manifestar que cada vez que entregamos un móvil a un niño para que se entretenga, mientras nosotros cenamos o charlamos con nuestros amigos, estamos privándole la oportunidad de que se auto controle, se socialice y aprenda a ser un adulto.

FUENTES SanFdePweb, EuropaPress IMÁGENES abc, PeriodistaDigital, ElPaís